Las Cortezas Amarillas, árboles característicos de Costa Rica, juegan en una explosión de flores en plena estación seca que tiñen de amarillo intenso calles y campos, brindando un espectáculo natural comparable a una primavera tropical.
El biólogo Mario Blanco explicó que el país cuenta con tres especies de este árbol, que se distribuyen a ambos lados, aunque sólo una en el Océano Pacífico, y todas florecen «explosivamente» entre diciembre y marzo. Curiosamente, los ejemplares situados en zonas bajas y urbanas muestran una floración más intensa que los que crecen en el campo, posiblemente por la exposición al calor acumulado por el cemento y las aceras.
Este fenómeno, que algunos asocian con la contaminación, transforma el paisaje costarricense en un atractivo visual efímero pero inolvidable para quienes lo contemplan.



